UN PASEO ENTRE EL DNIÉPER Y EL PRUT
29/01/20

El pasado viernes 24 de enero tuvo lugar la tercera microconferencia del ciclo de este curso, "Un paseo entre el Dniéper y el Prut", sobre Moldavia y Ucrania, impartida por nuestro alumno Iván Álvaro Herrero, historiador y estudiante de filología.

Iván comenzó hablando sobre Moldavia, un país pequeño situado entre dos ríos, el Dniéster y el Prut, y entre Ucrania y Rumanía. 

El clima es parecido al de Ucrania, templado, aunque algo más continental y seco, con inviernos relativamente suaves y veranos cálidos y largos. En muchos aspectos es comparable al clima del interior de España. Junto con la riqueza de su suelo, muy similar al de Ucrania, el clima moldavo produce un marco incomparable para la agricultura, cereales, tabaco, remolacha, girasoles y diversos tipos de árboles frutales, aunque destaca particularmente el cultivo de la vid; el vino es el producto estrella de Moldavia, donde se encontraban el 25% de los viñedos de la URSS, en un territorio que no ocupaba más del 0,15% de la superficie.

Lo que hoy conocemos como Moldavia se ha denominado tradicionalmente como Besarabia, especialmente una zona que hoy en día pertenece a Ucrania bajo el nombre de Budjak. Durante el I milenio a.C., estas tierras estaban gobernadas por los escitas. Aquí, las campañas romanas contra getas y dacios, con la conquista de este territorio a principios del siglo II, provocaron la romanización de estas tierras. Esto explica que el moldavo no sea una lengua eslava, sino un dialecto del rumano, y, por lo tanto, una lengua romance, escrita en alfabeto latino, excepto en época soviética (actualmente solo se mantiene el uso del alfabeto cirílico para el moldavo en Transnistria).

Hasta 1828, Moldavia disfrutó de una notable autonomía, que se fue reduciendo según avanzaba el siglo XIX, acompañada por políticas de rusificación en el último tercio de siglo, que tuvieron éxito entre las élites terratenientes, pero escaso entre un campesinado mayoritariamente analfabeto. La fundación del reino de Rumanía en 1881 supuso un polo de atracción para el nacionalismo moldavo, aunque no empezaría a manifestarse realmente hasta después de la Revolución de 1905, alimentado por maestros de escuela y párrocos locales. No obstante, la época de gobierno ruso fue relativamente próspera para el territorio, productor de preciados recursos agrícolas.

Tras la Revolución, Moldavia siguió los pasos de Ucrania y buscó la independencia, pero finalmente se decidió que el curso más seguro de acción era integración en el Reino de Rumanía en 1918; las autoridades soviéticas nunca reconocieron el derecho de Rumanía a este territorio, mientras mantenían el control de la orilla oriental del Dniéster, la actual Transnistria. La unión con Rumanía no fue especialmente beneficiosa para Moldavia, ya que, a diferencia del Imperio Ruso, no era un mercado para sus productos agrícolas, la ruta comercial tradicional hacia Odesa estaba cerrada, y no se produjo mejora alguna de las infraestructuras. Gracias al Pacto Molotov-Ribbentrop y la debilidad aliada, la URSS pudo exigir la reintegración de Moldavia a una Rumanía sin más opciones. Se conformó así la República Socialista Soviética de Moldavia, que se unió a la República Autónoma de Moldavia, Transnistria. Rumanía, como aliada de Alemania, recuperaría el territorio entre 1941-42.  Solo con el avance soviético durante la IIGM se reocupó este territorio y se restauró la RSSM.

Siguiendo los pasos de Ucrania, Moldavia proclamaría su soberanía en 1990 y su independencia en 1991. Frente a la mayoría moldava, los rusos del este del Dniéster, en Transnistria, y los gagaúz, pueblo de origen túrquico, en el sur, declararon repúblicas independientes; resultó imposible someter Transnistria en la breve guerra civil de 1992. Además, el país estaba dividido respecto a la reconstitución de la unión con Rumanía. En el referéndum de 1994, el voto a favor de mantener la independencia fue mayoritario. En estos momentos se estaba ya desarrollando el moldavianismo, ideología de autodeterminación que enfatizaba las diferencias con Rumanía. El Partido Comunista ganaría las elecciones de 2001 y 2005, siendo Moldavia la primera exrepública soviética en donde sucedió, aunque iba teniendo cada vez más una postura pro-UE, que asumiría cada vez más el país hasta la actualidad, especialmente tras los sucesos en Crimea, que provocaron la ratificación de un acuerdo de asociación con la UE, un paso previo muy importante a la integración.

Transnistria se declara aún hoy en día en secesión, ante la contrariedad de Moldavia, país del que teóricamente es parte constituyente. Su independencia de facto se debe en gran medida al apoyo ruso, uno de cuyos cuerpos de ejército se encuentra destinado en la región, a pesar de que Rusia aún no ha reconocido oficialmente este pequeño estado, que controla la mayor parte de las plantas energéticas moldavas. La independencia seguía teniendo mucho apoyo entre la población, al menos cuando se realizó el referéndum de 2006.

Moldavia disfrutaba, en época soviética, de una agricultura modernizada, una industria diversificada e infraestructuras modernas. No obstante, la transición de la economía planificada a la de mercado ha sido lenta y dificultosa, principalmente debido a la corrupción y la falta de inversión extranjera, de tal forma que todavía es uno de los países más pobres de Europa. El mayor potencial económico del país son sus ricos suelos y su clima, que producen unos excelentes resultados agrícolas. La mayor parte de la industria se concentra en Transnistria. De esta forma, en Moldavia, el sector primario casi aporta tanto al PIB como el sector secundario.

La cultura moldava es muy similar a la de Rumanía, debido a los fuertes lazos históricos que unen a ambos países, aunque con mayor influencia eslava, evidente en la extensión de la ortodoxia, que determina el calendario festivo del país. La cultura popular sigue viva en Moldavia, especialmente en el campo, y es promocionada por el estado. Entre la música tradicional destaca la balada Mioriţa. Es también tradicional un tipo de lucha muy similar a la grecorromana conocida como Trântăhttps://www.youtube.com/watch?v=iuTEME8WOKw.

Ucrania, el segundo país más grande de Europa, se extiende entre la cuenca del Don al este, los Cárpatos al oeste, y el mar Negro al sur. 

El clima está influenciado por el aire moderadamente cálido y húmedo del Atlántico, especialmente en el oeste, lo que explica que el clima sea considerablemente más suave que en el este del país. En contraste con el resto de Ucrania, la costa sur de la península de Crimea disfruta de un suave clima de tipo mediterráneo, con inviernos suaves y lluviosos con poca nieve, y veranos cálidos y secos.

Las características geográficas y climáticas de Ucrania no parecen justificar la riqueza agrícola de este territorio, tradicional granero de Rusia. El secreto no está tanto en el clima o las precipitaciones, sino en los suelos, las tierras negras, que se encuentran entre los más fértiles del mundo, extremadamente ricos en nutrientes.

Ucrania fue la cuna de una de las primeras formaciones políticas estables de esta Europa oriental, esteparia, el reino Rus de Kiev, fundado por los varegos a partir de las formaciones territoriales eslavas preexistentes, convirtiéndose en la élite política y económica del nuevo reino, aunque pronto se eslavizaron. Desde mediados del siglo IX hasta mediados del XI se mantiene como un poderoso reino bien cohesionado, en buena medida gracias a la adopción definitiva del cristianismo ortodoxo a finales del siglo X (con el bautizo del monarca Volodymyr como Vladimir I, el Grande, en el año 988). La adopción del cristianismo bizantino colocó a este reino en la órbita política y cultural bizantina, lo que supuso el desarrollo de una cultura con influencias bizantinas y el desarrollo de la escritura; el hijo de Vladimir, Yaroslav I el Sabio, promulgó el primer código legal eslavo, conocido como Руськая правда (‘la ley de Rus’). 

La conversión al cristianismo consolidó la posición de los rjuríkidas como monarcas ungidos por Dios, pero no resolvería el principal problema el reparto de las distintas regiones del reino entre los hijos varones, que en épocas de debilidad del poder central tendían a la independencia. El reino entraría así en una lenta decadencia, cediendo ante la progresiva descomposición de la autoridad central, hasta ser incapaz de enfrentarse a los imparables mongoles, que derrotaron a las tropas de los príncipes en la batalla del río Kalka (1223), aunque la verdadera invasión no se produjo hasta unos años más tarde, entre los años 1237 y 1240, cuando cayó Kiev.

Los mongoles de la Horda de Oro controlarían las estepas y la península de Crimea durante dos siglos, hasta ser derrotados por los príncipes de Moscú, aunque en Crimea sobrevivió el Kanato de Crimea hasta la conquista rusa en 1783. El noroeste y el centro de Ucrania pasaron a estar controlados por los duques lituanos desde la época de la invasión mongola, mientras que Polonia controlaba el extremo occidental, conocido como Galitzia. Tras la Unión de Lublin y la formación de la Mancomunidad de Polonia-Lituania en 1569, la actual Bielorrusia pasó a ser parte de Lituania, y Ucrania de Polonia, lo que aceleró la diferenciación de ucranianos y bielorrusos, y la integración de toda Ucrania ante la eliminación de las fronteras internas. Durante la época de gobierno lituano y polaco se produjo una clara polonización de la élite social (que por lo tanto se convirtió mayoritariamente al catolicismo) y el deterioro de la situación del campesinado, ortodoxo, reducido a una servidumbre con unas condiciones cada vez más onerosas, lo que provocó un importante descontento desde finales del siglo XVI.

El dominio polaco de Ucrania terminó con las reparticiones de Polonia a finales del siglo XVIII, cuando todo el territorio excepto GalitziaTranscarpatia y Bukovina (parte del Imperio Austrohúngaro) pasó a estar directamente gobernado por los zares, ya que paralelamente Catalina la Grande había acabado con la autonomía del Hetmanato. En general se produjo una rusificación de la aristocracia, con la pérdida de importancia progresiva de la nobleza polaca en el oeste. La abolición de la servidumbre en 1861 favoreció el crecimiento industrial en el este de Ucrania, aunque generalmente los trabajadores eran de origen ruso. La rusificación de Ucrania fue especialmente notable en el terreno religioso, con la reimposición de la ortodoxia y la eliminación de las particularidades locales. Estas políticas de rusificación derivan de la consideración de Ucrania como parte de Rusia, la Pequeña Rusia, separada de la unidad de los Rus por la invasión mongola y la perniciosa influencia polaca. Desde mediados del siglo XIX se observa la progresiva aparición de la cultura nacional ucraniana, sobre todo a través de la literatura, donde destaca la figura de Taras Shevchenko, cuya concepción de Ucrania como una sociedad libre y democrática tendría un gran impacto en la formación del pensamiento político ucraniano. 

El territorio ucraniano, especialmente la mitad occidental, sufrió importantes devastaciones durante la IGM. Tras la Revolución de Octubre se proclamó la República Nacional de Ucrania, aunque no puedo mantenerse como independiente más de unos pocos años; en 1921, tras la paz entre Rusia y Polonia con el Tratado de Riga, la mayor parte de Ucrania fue definitivamente ocupada por el Ejército Rojo y se convirtió en la República Socialista Soviética de Ucrania, una de las fundadoras de la URSS. Durante los años 20 se produjo una gran efervescencia cultural de carácter completamente ucraniano de la mano de la revitalización de la Iglesia ortodoxa ucraniana. Desde finales de los años 20 se iniciaron las políticas de industrialización, colectivización y rusificación.

Las pérdidas de Ucrania durante la IIGM fueron altísimas, con unos 5 millones de muertos y la destrucción de prácticamente todo el tejido económico. El renovado control soviético supuso la reconstrucción económica del país, pero también el retorno de duras políticas de rusificación. En general el ascenso al poder de Jrushchov supuso un control político más distendido, que se notó especialmente en Ucrania; en 1954 se celebró el tricentenario de la reunificación de Ucrania y Rusia, y se le entregó a Ucrania una península de Crimea muy deshabitada, ya que los tártaros habían sido deportados al final de la IIGM.

A diferencia de las Repúblicas Bálticas, el despertar del nacionalismo ucraniano tras las reformas de Gorbachov fue lento, y solo estaba plenamente activo para 1989. Este despertar estuvo acompañado de la revitalización de la Iglesia ortodoxa ucraniana, que en 1988 celebraba un milenio de existencia. En julio de 1990 ya se proclamó la soberanía ucraniana, que se convirtió en independencia en agosto del 91.

En época soviética la economía de Ucrania contaba con una industria bien desarrollada (alrededor del 17% de la producción de la URSS), como una de las repúblicas más prósperas de la URSS, a pesar de los daños sufridos durante la Gran Guerra Patria, y una gran riqueza agrícola (21-25% de la producción de la URSS). La transición al capitalismo fue muy dura, especialmente hasta 1996, y la economía no empezó a crecer hasta después del cambio de siglo, en parte gracias al aumento de los intercambios con Rusia, aunque eso no impidió la emigración de muchos jóvenes, especialmente del oeste rural. La economía volvió a contraerse como resultado de la crisis política que supuso el fin del gobierno de Yanukovich en 2014. Los sectores primario y secundario retienen en Ucrania una mayor importancia que en otras economías desarrolladas, pero el terciario sigue siendo el principal, mientras que el país tiene una gran dependencia energética.

Ucrania disfruta de un rico legado cultural, fruto de la influencia occidental, pero sobre todo eslava. Esto se aprecia en aspectos tan determinantes como la religión, hasta otros tan pequeños como la artesanía, entre la que destacan los huevos de Pascua ricamente decorados (Писанки), tradicionalmente en rojo, como símbolo de la Pasión de Cristo. Entre las artesanías destaca el bordado de tejidos, como el que se observa en la prenda nacional ucraniana, el Вышиванка. También podemos destacar el baile típico de Ucrania, el Гопак (https://www.youtube.com/watch?v=4Mn_VFQNaI0), bailado principalmente por hombres, con su peculiar carácter acrobático, en un país que enorgullece de su tradición musical popular.

Por último, es interesante hablar sobre el importante desarrollo literario paralelo al desarrollo de la conciencia nacional ucraniana durante el siglo XIX. Considerado muchas veces como padre de la literatura ucraniana encontramos a Ivan Kotlyarevsky, y su peculiar reimaginación de la Eneida de Virgilio (1798), en la que Eneas y los troyanos pasan a ser cosacos, la primera obra escrita totalmente en ucraniano. En Ucrania, el Romanticismo, pero sobre todo el Realismo, fueron corrientes muy productivas. Entre los autores los realistas podemos mencionar a Ivan Franko y su obra Zakhar Berkut, historia sobre la oposición de los habitantes de los Cárpatos a la invasión mongola. Sin embargo, el más importante escritor ucraniano es, sin duda alguna, Taras Shevchenko. De todas sus obras una de las más populares sigue siendo Zapovit (‘Testamento’). 

Nuestra profesora de la escuela infantil, Elena, interpretó un precioso poema de Shevchenko, El Lirio.

Después, pudimos disfrutar de diversos platos típicos:

El kompot (компот) es una bebida parecida a una compota de frutos y bayas secas, que se introducen en agua hasta que hierven, pudiendo ser endulzada con miel o azúcar, y que se toma caliente.

Los nalísniki (налисники) son parecidos a los blinis rusos, aunque normalmente el término hace referencia a la versión rellena de estos, que en Ucrania también se conocen como mlyntsi (млинці). El relleno puede ser muy variado, como el de los varényky.

Los varényky (варéники) se cocinan a partir de una masa, en este caso de patata, de forma cuadrada o de media luna, que puede tener rellenos diversos, como queso, carne, huevo, o guindas, por poner unos ejemplos. Después de envolver el relleno con la pasta, se cuecen, se hacen al vapor, o incluso se fríen. Pueden acompañarse con distintos productos, como smetana o cebolla.

¡Muchas gracias a todos por venir! 

La próxima conferencia tendrá lugar el 21 de febrero y será sobre Armenia y Azerbaiyán.